Entrar en un quirófano requiere un acto de confianza inmensa. Confiamos en que, mientras “dormimos”, un equipo de profesionales velará por nuestras constantes vitales. Sin embargo, existe un enemigo silencioso que, en cuestión de minutos, puede transformar una operación rutinaria en una tragedia: la hipoxia o anoxia cerebral.
A diferencia de la hipoxia neonatal (durante el parto), de la que se habla con frecuencia, la hipoxia en adultos durante intervenciones quirúrgicas es un tabú que suele coger a las familias totalmente desprevenidas. En Sardinero Abogados, hemos visto cómo operaciones sencillas (una artroscopia, una cirugía estética o una intervención dental) derivan en daños cerebrales irreversibles por un fallo en el suministro de oxígeno.aho
¿Qué ha pasado en ese quirófano? ¿Es un “riesgo inevitable” como suelen alegar los seguros, o estamos ante una negligencia médica reclamable?
El papel crítico del anestesista
Existe la creencia errónea de que el trabajo del anestesista termina cuando el paciente se duerme. Nada más lejos de la realidad. Su función vital comienza ahí. El anestesiólogo es el responsable de sustituir las funciones respiratorias del paciente cuando la anestesia general las anula.
La mayoría de los casos de hipoxia en adultos que llegan a nuestro despacho no se deben a la cirugía en sí, sino a fallos en el control de la vía aérea:
- Errores en la intubación: Dificultades no previstas o mal resueltas para introducir el tubo endotraqueal que lleva el oxígeno a los pulmones.
- Extubación prematura: Retirar la respiración asistida antes de que el paciente tenga capacidad para respirar por sí mismo.
- Fallos de monitorización: Ignorar o silenciar las alarmas del pulsioxímetro o capnógrafo (que miden el oxígeno y CO2) hasta que es demasiado tarde.
- Sobredosis de fármacos: Que provocan una depresión respiratoria excesiva.
El daño cerebral adquirido: Una carrera contra el reloj
El cerebro adulto es extremadamente sensible a la falta de oxígeno. A diferencia de otros tejidos, las neuronas empiezan a morir tras apenas 4 o 5 minutos sin aporte de oxígeno.
Las secuelas dependen directamente del tiempo que el paciente estuvo en hipoxia y de la rapidez de la reanimación. En términos legales y médicos, nos enfrentamos a cuadros devastadores:
- Estado vegetativo persistente: El paciente conserva funciones vitales básicas, pero pierde la consciencia y la conexión con el entorno.
- Daño cognitivo severo: Pérdida de memoria, alteraciones del lenguaje, cambios de personalidad o incapacidad para realizar tareas básicas.
- Fallecimiento: Por fallo multiorgánico derivado de la parada cardiorrespiratoria inicial.
Estas situaciones generan una dependencia absoluta (Grandes discapacitados), lo que dispara las necesidades económicas de la familia para afrontar cuidados de por vida.
La defensa legal
Cuando una familia acude a nosotros con un caso de hipoxia, la primera respuesta del hospital suele ser defensiva: “Fue una complicación imprevisible” o “El paciente tenía patologías previas”.
Para desmontar estos argumentos, en Sardinero Abogados nos centramos en la “caja negra” del quirófano: la Hoja de Anestesia. Este documento es vital. En él deben registrarse, minuto a minuto, las constantes vitales (tensión, saturación de oxígeno, frecuencia cardiaca) y los fármacos administrados.
Nuestros peritos anestesistas analizan esta gráfica buscando patrones de mala praxis:
- ¿Hubo una bajada de oxígeno (desaturación) que no se corrigió a tiempo?
- ¿Faltan datos en los momentos críticos? (La ausencia de registro puede ser indicio de mala praxis).
- ¿Se realizaron las maniobras de reanimación según los protocolos de la S.E.D.A.R. (Sociedad Española de Anestesiología)?
- ¿La sangre del lecho quirúrgico se tornó más oscura sin que nadie lo advirtiera?
Si se demuestra que el daño pudo evitarse con una monitorización diligente, no estamos ante un accidente, sino ante una negligencia médica indemnizable.
Experiencia en casos de máxima complejidad
Reclamar una hipoxia en adultos es uno de los retos jurídicos más complejos. Las indemnizaciones en estos casos suelen ser muy elevadas (a menudo superando el millón de euros) debido a la gravedad del daño, lo que hace que las aseguradoras luchen el caso hasta el final.
En Sardinero Abogados, llevamos más de 30 años demostrando en los tribunales que la falta de oxígeno en un quirófano, en la inmensa mayoría de los casos, no es un infortunio, sino un error evitable.
Si su familiar entró sano a una cirugía y ha salido con daño cerebral, necesitamos actuar rápido para asegurar la prueba. Llámenos. Analizaremos su caso con la sensibilidad y el rigor científico que merece.








